¿Qué es y qué tipos de simbiosis existen? ¿Es la llave maestra del equilibrio planetario? ¿Cuál es el papel del ser humano dentro de este sistema mutualista planetario y cósmico? ¿Por qué no andan entre nosotros los dinosaurios y corrieron tal seleccionado destino?
Iniciemos esta reflexión con una definición de simbiosis. Es el sistema en el cual miembros de especies diferentes viven en contacto físico, es un concepto arcano, un término biológico especializado que nos sorprende. Esto se debe a lo poco conscientes que somos de su abundancia. No son sólo nuestras pestañas e intestinos los que están abarrotados de simbiontes animales y bacterianos; si uno mira en su jardín o en el parque del vecindario los simbiontes quizá no sean obvios pero están omnipresentes. El trébol y la vicia, dos hierbas comunes, tienen bolitas en sus raíces. Son bacterias fijadoras de nitrógeno esenciales para su sano crecimiento en suelos pobres en este elemento. Tomemos después los árboles, el arce, el roble y el nogal americano; entretejidos en sus raíces podemos encontrar del orden de trescientos hongos simbiontes diferentes: las micorrizas que nosotros podemos observar en forma de setas. O contemplemos un perro, normalmente incapaz de percatarse de los gusanos simbióticos que viven en sus intestinos. Hasta aquí una definición rápida del término. Iniciemos el viaje por este mundo:
La fase final de toda evolución y sistema, para resumir, es el equilibrio total o la simbiosis mutualista. Ahora bien, todo sistema está en constante evolución y pasa por diferentes tipos de uniones simbióticas definidas como parasitismo, comensalismo y mutualismo. Recordad que todo funciona igual, si nos ceñimos a la ley de semejanza. Lo expuesto para un caso, se puede extrapolar a todo lo que hay en el universo.
El parasitismo en algunos casos puede ser el primer estadio de un proceso continuo que conduciría al mutualismo. Se trata de una unión, donde sólo uno sale beneficiado a costa del otro.

El comensalismo se trata de una unión donde el parásito se alimenta y/o obtiene beneficio de la unión, mientras que el otro simplemente no le actúa ni para bien ni para mal.
El mutualismo es un tipo de unión donde ambos son beneficiados de este pacto e incluso se hace imposible la concepción del resultado sin la suma de las partes. En el ser humano, sin mitocondrias y cloroplastos que tienen su origen en bacterias de vida libre no podrían realizar muchas funciones necesarias para la vida, tales como la respiración celular entre otras. Los descendientes de estas bacterias aún se encuentran entre nosotros ligados de forma simbiótica mutualista. Sin cambiar de tema y a modo de reflexión, quizá esta sea una buena definición para aquello que llama el amor universal a nivel químico. Una relación de este tipo, intrínsecamente ligada y de cooperación mutua.
Apliquemos estas definiciones obtenidas de la biología y del estudio del sistema de gestión del planeta por parte de los seres dotados de inteligencia de plano mental para ver qué conclusiones podemos obtener para ser aplicadas a nuestra humana sociedad.
La primera pregunta que nos podemos plantear sería la siguiente: ¿Qué tipo de relación simbiótica une a los humanos entre ellos? La segunda y no menos importante sería: ¿Qué relación simbiótica nos une con el planeta? Y la tercera y quizá la más importante: ¿Yo como ser humano, qué tipo de relación me gustaría tener con mis semejantes y con el planeta?
La conclusión extraída por mi parte después de varios estudios de campo y basándome en la estadística de una sociedad global obtengo que mayoritariamente se expresa comensalismo entre círculos reducidos, los llamados compañeros. A gran escala social, gobiernos y empresas se pone de manifiesto la simbiosis parasitaria y entre familiares o allegados cercanos se puede llegar a aplicar mutualismo, en aquello que se llama amistad o amor fraternal.
Entre parejas de enamorados, muy a mi pesar, he de decir que menos de las esperadas se comportan mediante el mutualismo, pues muchas son por conveniencia, por compasión o por no vislumbrar una vida sin esa persona, y por ello, se convierten en comensales, e incluso en parasitarias. Por el interés, te quiero Andrés, es una expresión de la cultura popular que pone de manifiesto este tipo de unión simbiótica que he descrito. Como siempre expongo, esto sólo ha sido una punta de un iceberg, ya que no entraré a detallar en profundidad, pero insto a que meditéis por vosotros mismos y halléis respuestas sobre vuestro entorno y estas relaciones. Os sorprenderán las conclusiones que obtendréis, y veréis el concepto de Judas como algo muy común en nuestros días.
La segunda pregunta, la unión de esta sociedad humana, y concretamente la occidental con el planeta me resulta la más dolorosa para mi entender del mundo como un sistema simbiótico mutualista equilibrado en constante evolución. La sociedad occidental se comporta como un parasito planetario a gran escala. Seguramente será que nadie se le ha ocurrido pensar que el planeta es un ente vivo, o un organismo simbiótico mutualista, porque quizá no nos comportaríamos de esta forma con él. Por suerte, sé de la existencia de otras culturas humanas que le rinden al planeta el respeto que se merece. No creo que sea un ejercicio mental que únicamente un ser dotado de iluminación sea capaz de realizar, ya que sin el planeta, no puede existir la vida. Ergo, dependemos al 100% de él, sin entrar en los detalles de la simbiosis mutualista rotacional y orbital que este le debe al Sol, junto a la energía que de él recibe para la existencia de todo el ecosistema. Sin complicarnos y al pensar a macro escala, la simbiosis mutualista de nuestra estrella con la galaxia, y con el universo se pone de manifiesto. Y yendo más abajo podemos comprender la simbiosis mutualista entre los propones, neutrones y electrones para cohesionar los átomos y permitir la creación de moléculas unidas bajo este principio de simbiosis mutualista en los enlaces moleculares. Y por último visitando las capas más diminutas de la materia vemos en los espines y las cuerdas de las partículas a pequeña escala que se unen mediante vibraciones y la ley del entrelazamiento cuántico o la ley de correspondencia, que pone de manifiesto una vez más una simbiosis mutualista.
Todo este párrafo, además de revelar algunas ideas en diferentes escalas de la realidad física también ha sido pensado para realizar la revisión de consciencia y meditar acerca de la tercera pregunta. La relación de cada uno de ustedes con los semejantes y el sistema. En mi ser, ya habréis visto mi postura, y como no me gusta manipular a la gente con mi visión solamente diré a modo de conclusión personal que quizá comprender la simbiosis mutualista para los semejantes (amaros todos como hermanos, resume el concepto) y la simbiosis mutualista con el sistema (amar la tierra que me permite vivir) sea una forma equilibrada e interesante de moverse por este mundo. Y si te topas con parásitos o comensales, extiéndeles tu mano, y hazlos evolucionar hacia la mutualidad. Bajo mi punto de vista, es la manera de decantarse por la idea de que un mundo más justo se puede lograr.
Por último me he tomado la libertad de finalizar el artículo con un chiste visual que expresa la ley de la evolución natural con una partida de póker entre dinosaurios y el sistema universal en el plantea Tierra representado por el concepto de Dios en los últimos momentos de la existencia de estos, en la partida de la vida. Recordad, los dinosaurios no están, porque eran unos animales parasitarios a gran escala.















































